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Turismo Cultural y el Bolsillo de los Turistas – Por Jorge Oriola

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Jorge-Oriola
DIARIO ESQUEL SUR
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Según los más importantes estudiosos de este fenómeno económico y social, empresarial y estatal, denominado TURISMO, una de sus variantes más atractivas en la actualidad es el TURISMO CULTURAL. Es una especie de actividad alternativa dentro de la general que permite ofrecer y consumir algunos elementos seleccionados, relevantes,  destacados, de la cultura local. Si bien ese consumo lo producen, por lógica, los miembros de la propia comunidad, se potencia cuando el par oferta-demanda se cumple con los turistas. Dicha oferta abarca un amplio abanico de componentes: arqueología, historia, museos, artes, gastronomía, costumbres, leyendas, festividades, arquitectura y todos aquellos elementos culturales que se destaquen por su autenticidad. Hay, en el marco del movimiento turístico mundial, un amplio segmento que se dedica al Turismo Cultural: gente de clase media, profesionales, aficionados a determinadas actividades, personas adultas y de tercera edad. Es decir, interesados y también aquellos que no suelen desplazarse por senderos rurales o montañosos, que no practican deportes competitivos y no realizan largos paseos, caminatas o salidas con cierto riesgo.

En mis clases en la Universidad, también en charlas de otra índole, suelo ubicar a la ciudad brasilera de Sao Paulo como ejemplo. Carece de costas marítimas, montañas, bosques y lagos; las aguas fluviales cercanas no son transparentes ni limpias como en nuestra zona; no hay senderos entre bosques y el aire no es tan diáfano como en Patagonia. Sin estos atributos naturales, sin turismo de sol y playa (hay una distancia corta pero no es de la ciudad), SP es uno de los centros urbanos de mayor convocatoria turística en el mundo. Cuenta con una fuerte red hotelera, es sede de 120 de las 160 principales ferias del país, genera cerca de R$ 9.000 millones por año turismo, la primera en América en eventos internacionales, 70 museos de arte e historia, parques, iglesias, una variada gastronomía no solo regional, avenidas puramente comerciales y una vida nocturna intensa, con discotecas, cerca de 300 cines, más de 100 teatros.

Claro que no busco, con ese ejemplo, equiparar a nuestra ciudad con semejante centro urbano, comercial y financiero pero sí deseo remarcar que no es únicamente el paisaje como espectáculo lo que determina las atracciones del turismo y su éxito de convocatoria. Potenciar lo existente en materia cultural y ubicarlo como oferta turística es parte de una salida que nuestra ciudad merece y necesita, pensando en desarrollo, generación de empleos genuinos (directos e indirectos), ampliar el poder adquisitivo de la población y alejar el espectro siempre presente de las intencionalidades de la megaminería, altamente destructiva y pasajera.

¿Qué tenemos para potenciar? Nuestros músicos, sean folkloristas tradicionales o rockeros jóvenes; las peñas y las danzas; exposiciones plásticas (pintura, grabados, esculturas), ferias artesanales y teatro; la gastronomía, tanto de las colectividades derivadas de inmigrantes como las ancestrales indígenas; museos varios, no sólo el Museo Histórico (hoy en funcionamiento con mucho compromiso de su personal), el del Ferrocarril (hoy un centro de interpretación logrado por las guías de turismo del Trochita con mucho esfuerzo), el Naif y alguna otra sala o proyecto a futuro mediato que merezca mayor observación y apoyo.

El caso de La Hoya, estacional y muy específico, es un interrogante por los riesgos existentes en cuanto al proceso de “privatización” o concesión privada en curso. El caso del tren, el denominado “Viejo Expreso Patagónico”, el elemento cultural más auténtico que posee la ciudad, en manos provinciales, merece nuestra mayor atención y requiere una planificación más detallada y profunda para su uso integral, como museo en funcionamiento y por tener infraestructura e instalaciones ociosas cuando no funciona.

No alcanza con ofrecer las bondades del medio ambiente natural, espectacular y escénico del Parque Nacional Los Alerces, además alejado del centro urbano. Es necesario articular ese otro medio ambiente cultural, desde la historia y el arte, para establecer nuevos circuitos y recorridos que permitan, entre otras cosas, atraer más turistas y que pasen en Esquel dos o tres días más de lo habitual.

Ahora bien. Una de las numerosas variables de la actividad turística como actividad económica es el poder adquisitivo de quienes deciden venir por estas regiones. Otra, muy importante, el estado de las rutas de acceso y la conectividad aérea. Una tercera, siempre, la calidad y buen precio de la oferta gastronómica y de alojamiento. Se requiere que los planetas contextuales estén alineados y los que deseen llegar puedan hacerlo. Para ello es imprescindible cambiar el rumbo económico a nivel nacional, y esto ya no es una novedad ni una aspiración política electoral; es una urgencia real.

No hay mayor cantidad de turistas si éstos no cuentan con mayor poder adquisitivo y no puede haber mejor oferta local con tarifas de servicios y precios de combustibles como los que existen hoy día. Sólo pensar en los costos fijos de electricidad y gas natural pone en duda cualquier emprendimiento turístico, con la necesidad de calefacción no solamente en temporada invernal, lo sabemos. Esos costos son un riesgo permanente para hospedajes, cabañas, hosteles y servicios gastronómicos, sean cervecerías, restaurantes o comida con entrega a domicilio. También para cualquier comercio que espera del turista compras de regalos y recuerdos. Y el menor poder adquisitivo de quienes llegan impone menos compras de cualquier tipo en la ciudad, sean productos industriales o artesanales.

¿Qué significa esto que ha sido expuesto? Que hay numerosas salidas posibles, numerosos caminos distintos para crecer y desarrollarse como comunidad; el turismo cultural es uno de ellos, no el único pero sí uno de los no aprovechados desde hace años. Que no alcanza con los esfuerzos de políticas locales y la espera de los apoyos provinciales y nacionales sino que debemos contar con recursos genuinos en la región (una modificación significativa en cuanto a la renta hídrica, en la generación de energía y riqueza, es una buena posibilidad) y un cambio drástico en la política económica nacional que hoy excluye en lugar de incluir, que hoy cierra empresas en lugar de mantener, apoyar y abrir, que hoy empobrece en lugar de mejorar la distribución de la riqueza y mejorar el poder adquisitivo de las mayorías.

Las decisiones son de la ciudadanía. Es 2019.

JORGE ORIOLA
Docente universitario e Historiador
Precandidato a Concejal por el Frente Patriótico Chubutense

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