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Macartismo explícito y sinceramiento patronal – Por Jorge Oriola

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DIARIO ESQUEL SUR
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Joseph McCarthy fue senador en Estados Unidos entre 1947 y 1957. Años de post-guerra y de la denominada “Guerra Fría” entre norteamericanos y soviéticos, o entre sus respectivos bloques económicos, o entre las alianzas de guerra OTAN y Pacto de Varsovia. Reparto de influencias en el mundo en Occidente y Oriente, guerras de liberación nacional en las cuales ambas potencias actuaban pero sin atacarse mutuamente: Corea, Viet Nam, revolución cubana, independencias en África, muro de Berlín, crisis de los misiles en Cuba, y toda la publicidad de unos contra los otros.

Años después, el cine inglés y la televisión norteamericana nos influenciarían políticamente con temas de espionaje y agentes secretos, en particular el James Bond de Sean Connery y el muy cómico Maxwell Smart y su Súper Agente 86. Sin embargo, los años de Guerra Fría no fueron sencillos ni humorísticos. Persecuciones, cárceles, torturas, golpes de estado, violaciones permanentes a los derechos humanos y miles de millones de cualquier moneda gastados en guerras, represión y espionajes.

Volvamos al tristemente célebre senador Mc Carthy. Durante sus diez años de acción en el senado, este político republicano se dedicó a perseguir a los ciudadanos que pensaban distinto, fuesen o no comunistas, socialdemócratas, liberales, artistas o intelectuales que planteaban el derecho a opinar libremente o, entre muchos, los que habían caído en desgracia en algún trabajo y fueron denunciados por “actividades contrarias al sistema de vida americano” y por ello, perseguidos.

McCarthy y su equipo investigaron a centenares de personas que consideraban sospechosas de ser agentes soviéticos o meros simpatizantes del comunismo y por ello se infiltraban en diversos ámbitos del Estado o eran personajes públicos. Se les convocaba e iniciaba un proceso acompañado por gran parte de la prensa difamatoria. Aunque la inmensa mayoría de los casos no resultaban demostrables, en ese ambiente político internacional (Guerra Fría) y nacional (conservadores anticomunistas furiosos), los acusados debían defenderse como pudieran y de un modo u otro perdían su trabajo o sólo les quedaba emigrar. Una verdadera «caza de brujas» por motivos ideológicos. En la que siempre se dijo, y se sigue diciendo, fue la nación de vida más democrática, un ejemplo de respeto y tolerancia, decían.

Esta histeria anticomunista, desatada por Mc Carthy, contagiada a sectores políticos y la prensa y asumida por franjas de la población norteamericana, se refleja muy bien en la obra “El crisol”, de Arthur Miller, refiriéndose a la caza de supuestas “brujas” en Massachusetts en 1692: el caso de las trágicamente juzgadas y ahorcadas “ brujas de Salem”. Muchos sufrieron tragedias y entre los más renombrados podemos citar al científico Robert Oppenheimer, los cineastas Elia Kazan, Charles Chaplin, que debió emigar y el actor Philip Loeb, quien se suicidó al quedar sin trabajo. Y los recordados esposos Ethel y Julius Rosenberg, condenados a la silla eléctrica en 1953.

A partir de estas desgraciadas acciones contra los derechos de opinión, el término “macartismo” significa, políticamente hablando, “caza de brujas”, con todos los peligros que implicaba antes o puede implicar hoy día en determinados regímenes y las eventuales influencias negativas en países como el nuestro donde no se persigue más al comunismo (en tiempos de Onganía y Lanusse hubo una ley, la 17401, que lo auspiciaba explícitamente) pero hay aún mentalidades muy proclives (el sufijo pro es oportuno) a influjos temerosos desde esos términos, más aun en tiempos electorales.

En estos días, macartistas trasnochados, extemporáneos, ridículos pero no por ello menos peligrosos, tratan de atemorizar al electorado alegando que un ex ministro, hoy diputado y posible gobernador de Buenos Aires en breve, es “comunista”. No sólo no lo es (dicho por él y por el mismo Partido Comunista en un comunicado) sino que su mirada como intelectual, economista y profesor universitario es keynesiana, no marxista. Y después de todo: si lo fuera, ¿qué pasaría? Nada. Por respeto a las ideas, nada, y por ser una época post guerra fría, nada. Es más peligroso un neoliberal para las mayorías en nuestra escena política actual.

Y como si esto fuera poco, una diputada que siempre busca la centralidad de la prensa, y lo logra, alerta sobre el peligro del mal uso informático en los cómputos electorales, no porque el gobierno podría hacer fraude sino porque los “rusos” y su presidente Putin están detrás de la principal líder opositora y su compañero de fórmula para “jaquear” las computadoras del oficialismo y cometer un fraude fabuloso. Y para ubicar una remanida frutilla al postre de las novedades pretendidamente atemorizantes, dijo: Si Putin y los rusos están en Venezuela, cómo no va a estar con… y los nombra sin pudor. Agregando: eso lo arregla (ella, la gran opositora) cuando viaja a Cuba, presuntamente a ver a su hija presuntamente enferma, dice.

Como humedad que avanza, pero muy rápido, varios periodistas no independientes y voceros del poder político y económico repiten estas cuestiones sin ponerse colorados, les suman adjetivaciones como “terroristas” y “narcos” y la pretensión de atemorizar a los votantes se expande. Hasta una conocida monja, de ésas que no faltan a cenas o almuerzos de la gran diva, se sumó a esto de generar prejuicios y difamó a un agrupamiento político opositor. Falta que la ministra de in-seguridad actúe directamente y algún juez de ésos que ligan todos los casos similares en Comodoro Pro (perdón, Py) los llame a declarar.

¿Qué se busca con eso? Si se logra atemorizar con el fantasma del comunismo que antes supo recorrer Europa en 1848, según Marx, y Estados Unidos en los ’50, según Mc Carthy, neutralizarán unos votos. Pero no, lo que realmente buscan es tapar los muertos por el frío, las Pymes que se cierran por día, el aumento en desempleados, la enorme deuda que sigue creciendo, el costo de la vida con tarifas enormes y dolarizadas y esas voces nefastas pero sinceras de empresarios que desean profundizar el neoliberalismo y piden sin sonrojarse más flexibilidad para tomar y despedir gente, para bajar los sueldos, para lucrar más a costa de los trabajadores, con menos salario, menos empleo y menos jubilaciones.

¿Ridículos macartistas trasnochados? Sí, las tres cosas. Pero cuidado. Cuidado con ellos y sus periodistas voceros. Cuidado con que influencien a los votantes. Cuidado con el prejuicio. La mentira podrá tener patas cortas pero hay momentos importantes en que no debe influir. Concretamente en estas elecciones debe terminar.

Jorge Oriola

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