fbpx

Los dichos y los hechos – Por Jorge Oriola

Portada » Los dichos y los hechos – Por Jorge Oriola
Jorge-Oriola
DIARIO ESQUEL SUR
DIARIO ESQUEL SUR
Share on facebook
Share on twitter
Share on print
Share on email

Es habitual reclamar que se haga lo que se dice. Se lo llama coherencia y suele ser considerada una virtud. Eso se demanda a los políticos. Sin embargo, si esa coherencia se aplica contra las mayorías y al país en su conjunto esa “virtud” debería ponerse en duda. Y a diferencia de los momentos iniciales respecto de la campaña electoral, hoy el gobierno nacional muestra una absoluta coherencia en sus dichos y hechos.

Vayamos por partes, dijo Jack. En campaña electoral, Cambiemos, entre cantos de Queen, globos amarillos, papelitos y mucho cotillón, dijo con onda místico-pastoril-new age que todo lo bueno hecho por los “innombrables” se respetaría y nada de lo logrado durante ese período “la gente” lo perdería. Se obtendría crecimiento, inversiones, “re-ingreso” al mundo y sobre todo, alcanzaríamos “la Argentina que soñamos”. Sin aclarar, claro está, cómo sería esa Argentina y quiénes serían los soñadores. Basta con revisar el video del debate pre-balotaje para entender que todo lo que el presidente negaba finalmente lo hizo. Hasta aquí ¿habría incoherencia entre dichos y hechos? ¿O podríamos hablar de mentiras desvergonzadas? Mientras, los técnicos luego funcionarios, como Prat Gay, Melkonián y Sturzzeneguer sí decían algo de lo que harían. Y lo hicieron. ¿Eso es sinceridad o coherencia?

Una vez instalados los cambios producto de esas medidas no anunciadas, el gobierno de Cambiemos ha sido muy coherente con sus principios, ideas económicas y sociales, su percepción de la Historia nacional y latinoamericana, su mirada hacia los pobres y los que protestan, su perspectiva hiper-crítica hacia el denominado y mal conceptuado “populismo”. Y sobre todas las cosas, muy coherente con los deseos, intereses, mandatos, pensamientos y objetivos de los grupos económicos que detentan el poder real en la Argentina, y no sólo acá. Los verdaderos “patrones”. Los que ponen y sacan gobiernos mientras no haya resistencia popular. Ese ente corporativo compuesto por empresas transnacionales dirigidas por Shell y Techint, grupos financieros ligados a la banca internacional liderada por el J.P.Morgan, grandes agroexportadores y la Sociedad Rural Argentina, el polifacético grupo Clarín, mineras y petroleras e hipermercadistas conducidos por Cotto y Braun-Menéndez o sea La Anónima.

A diferencia de otras épocas y otros gobiernos, esta vez no hay delegados de esos poderes sino que miembros de tales poderes están en el gabinete, y no es únicamente Aranguren, representante de Shell. Y otra diferencia, la más extraña y a la vez contundente: la derecha y el poder económico ganaron con votos. Habrá sido por un escaso 2%, apenas 600 mil, pero por medio de votos.

Se liquidaron desde el primer día la restricción impuesta para adquirir moneda extranjera y las cargas fiscales a las compras de en exterior. Fue “promesa”. De ese modo se puede comprar dólares sin limites de montos y sin llenar esos   molestos formularios de la Afip. Algarabía en sectores medios y más que medios: se había terminado el “cepo”. El mal denominado cepo. Claro, a partir de allí, el dólar oficial pasó de casi 10 pesos a 15…, una devaluación real del 50% sólo para empezar. En los tiempos recientes, se llegó a 20 pesos y en los últimos días a 25; en dos años y medio una devaluación del 150%. Y cuando se produce una devaluación automáticamente suben los precios y el “mercado” registra una inflación generalmente proporcional al aumento del dólar. Y nadie puede negar que los productos de compra cotidiana y no tanto han aumentado incluso más que el porcentaje de la moneda USA. Los agroexportadores chochos. A la suba del precio de la soja se suma el del dólar.

Dijeron que las tarifas debían adecuarse a la realidad y que era indigno pagar por servicios y combustibles precios baratos e irracionales. Que estábamos en crisis energética y debíamos ahorrar gas con pulóveres y electricidad con el aire acondicionado a 24 grados. Pese a no estar en crisis energética, burda mentira, y culpar a los usuarios-consumidores por el gasto y no a las empresas, los tarifazos comenzaron a intervenir en la pérdida de poder adquisitivo de las mayorías. En 2016 hubo marchas en todo el país, se acentuaron en 2017 y este año, en apenas cinco meses se ha profundizado la resistencia a estas tarifas de gas y electricidad descomunales. Y no es un tema de particulares y residencias; los tarifazos afectan a emprendimientos de base: cooperativas, empresas pequeñas y familiares. Desde los “repartos a domicilio”, generalmente comidas rápidas, hasta los hospedajes y actividades ligadas al turismo, como en nuestra zona, se ven golpeados y el que no ha cerrado aún puede hacerlo en breve. Y antes de cerrar van despidiendo empleados. Y esto de los tarifazos se liga al aumento de los combustibles, y sigue el aumento de precios y baja el poder adquisitivo. Las petroleras, en especial Shell, la de Aranguren, chochas.

Dijeron que deben bajar el déficit fiscal. No pueden porque aplican las recetas neoliberales y responden a quienes los ubicaron en la Rosada. Devolvieron retenciones al agro y las mineras, miles de millones, y perdonaron deudas a empresas afines y de amigos, incluso intentaron hacerlo con el negocio presidencial-familiar, el Correo. Estas y otras medidas, supuestamente para incentivar capitales privados locales o por venir, producen una sangría de recursos al Estado. Solucionar el déficit no sólo es ahorrar no gastando sino también buscando o no perdiendo recursos. Sin embargo, se le devuelve a los ricos y, a fin de año, fue la salvajada contra los haberes jubilatorios, se anuncian reformas laborales anti trabajadores, se eliminaron becas y subsidios, se terminaron las netbooks para estudiantes… Y en medio de la crisis actual, con millones de argentinos en las calles, huelgas, despidos en todo el país, inflación y protestas de muchos sectores sociales, uno de los ministros que no confía en el país y reconoció quer tiene su dinero “afuera” anunció que se congelarían los salarios estatales por dos años. ¿Nafta al fuego ya encendido? ¿Búsqueda del caos para reprimir con armas y capacitaciones concertadas con Israel? ¿Soñar acaso con un autogolpe y cerrar el Congreso?

En medio de este escenario, la Argentina volvió a recurrir al FMI. Nuevos créditos y otra vez las recetas de siempre: el FMI presta pero impone normas. Ya las conocemos: controlar el gasto, impulsar la suba del dólar, despedir empleados, abrir los mercados, etc. Todo en contra del pueblo y del país en su mayor parte. Y antes del FMI, que fue reciente, las maniobras con el dólar y las Lebacs y Letes (Letras del BCRA y Letras del Tesoro Nacional), subastadas con altos intereses y cortos plazos, compradas por grupos financieros algunos de los cuales son de o integran a funcionarios del gabinete, nada menos. Y la bicicleta financiera con los dólares que ingresan no por inversiones sino por deudas cortas y largas: se compran dólares, se los vende y se compran Lebacs con pesos, se venden y con esos pesos se compran dólares y etc… En cada instancia se ganan millones de verdes que se van, como tantos “ahorros” de la familia presidencial y amigos dentro y fuera del gabinete, a paraísos fiscales. Los denunciaron pero… dicen que no es delito. Y Clarín lo reafirma o en algunos cxasos no lo comenta. Impunidad total.

Hay más pero para qué más manchas al jaguareté mimoso. Dicen que todo esto es necesario y es legítimo y lo hacen. Son coherentes. Rara virtud la coherencia: decir y hacer a favor de los más ricos. Destrucción del Estado, destrucción del país. A eso vinieron. Y el saqueo es total.

Termino con otros dichos. Hay numerosos pero me quedo con tres. Antes de las elecciones ya el radical Sanz, el organizador de la entrega del partido de Alfonsín a manos del Pro, dijo en tv que el dinero de las becas y los subsidios a los pobres se iba por las canaletas de la droga. González Fraga, hoy funcionario fugado, perdón, con licencia, dijo que “la gente” había vivido un sueño y los empleados no debían soñar con plasmas y viajes o autos cero km; había que regresar a la normalidad. Hace horas la gobernadora de Buenos Aires, ante un selecto auditorio en un paquete espacio de nombre y capitales extranjeros preguntaba si era equidad llenar de universidades la provincia sabiendo como todos saben que los pobres no llegan a ellas. Sinceridad y coherencia. El pensamiento oligárquico es así, selectivo, racista, con amplio desprecio hacia los trabajadores, los pobres, las mayorías, los que anhelan vivir mejor, los que siendo trabajadores no formales quieren estar en blanco y los que están empleados no quieren perder el empleo y los que tienen sueldos en blanco no quieren que se lo divida en blanco y negro, porque los aristócratas, lo sean o intenten serlo, aborrecen del choripan y del bombo, se horrorizan si un empleado viaja a Brasil o se compró un auto nuevo en cuotas. Es el mismo sentimiento de los viejos porteños que se molestaron porque hubo una invasión de pobres y morenos en el 45 y, horror de los horrores, se lavaron las patas en la fuente.

Esto que digo no se refiere a las personas, a la gobernadora, al presidente. Son empleados a término. El problema es el proyecto neoliberal. Con blindaje mediático y apoyo del partido judicial. Los estragos los causan los grandes y poderosos que manejan los hilos de las marionetas. Si éstas se desgastan las pueden cambiar. Ellos tienen los hilos y el negocio. Sugiero no olvidar eso.

Share on facebook
Share on twitter
Share on print
Share on email
El tiempo - Tutiempo.net