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El llamado plebiscito de 1902 y la soberanía popular – Por Jorge Oriola

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DIARIO ESQUEL SUR
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El 30 de abril es celebrado en nuestra zona como la fecha del Plebiscito, acontecimiento singular, injustamente desconocido en el resto del país, a través del cual, según la memoria popular heredada y los estudios realizados, los pobladores de la entonces Colonia 16 de Octubre manifestaron al representante del rey inglés, el Barón de Holdich, en medio del conflicto de límites con Chile y el arbitraje a cargo del monarca, su deseo de continuar viviendo en Argentina.

No eran tiempos fáciles. Ambos países disputaban territorios cordilleranos que consideraban no sólo importantes para el asentamiento y la producción sino propios, y para ello habían desarrollado interesantes perspectivas de análisis, argumentaciones histórico-geográficas, campañas por las prensas nacionales, pedidos a diversos poderes extranjeros, carrera armamentista con posibilidad de guerra y tratados previos hasta que aceptaron el arbitraje del rey inglés. Por ello, las comisiones de límites, con sus respectivos responsables, recorrieron la extensa zona cordillerana en conflicto acompañando al delegado real, el Barón de Holdich.

Cada una de esas comisiones estaba conducida por dos figuras de peso. La chilena estaba a cargo del geógrafo alemán Hans Steffen, de gran experiencia académica y muy buen profesional de su disciplina, en defensa de la tesis trasandinas basadas en el principio “las altas cumbres que dividen aguas”, según las cuales, al derivar ríos y arroyos cordilleranos, entre el Sur del Neuquén y el Norte de Santa Cruz, hacia la cuenca del Pacífico, las tierras por ellos bañadas debían ser chilenas. La comisión argentina estaba comandada por el perito Francisco Moreno, defensor de la tesis de las “altas cumbres”, mezcla extraña de museólogo, etnógrafo, estudioso y coleccionista de cráneos indígenas, más político que académico; hacía prensa de sus ideas y maniobraba con los pobladores de modo de ir preparando la postura política de éstos a medida que llegase el conjunto de visitantes a cada paraje.

¿Cómo se había llegado a esta situación? En 1881 ambos países habían firmado un tratado por el cual ajustarían las resoluciones de límites, tarea que Roca emprendió con todas las repúblicas vecinas,  estableciendo en este caso como límite las cumbres que dividían las aguas. Este principio era aceptable para casi toda la cordillera de los Andes pero no era muy conocida nuestra región, donde las altas cumbres se hallan más al Oeste y los ríos que bajan de ellas tuercen y van al Pacífico y no hacia el Atlántico. En estas zonas, además, se asentaban cerca de 1000 habitantes, una mitad establecida y de origen extranjero, galés en su mayoría, y otra mitad con cierta movilidad, pobladores mapuche-tehuelches, según el censo nacional de 1895. Para dilucidar este problema y habiendo salvado ambos presidentes los riesgos de una guerra, acudieron al arbitraje extranjero e Inglaterra, el país que tenía mayor injerencia económica y política en ambos, asumió el rol de árbitro.

Estudiar este tipo de conflictos implica analizar las fuentes escritas, sobre todo las oficiales y de los protagonistas, incluyendo notas de la prensa, cartas privadas y otras informaciones posteriores. La memoria oral no era apta porque prácticamente no había sobrevivientes hacia el fin del siglo XX. Pero dos intelectuales inquietos de nuestras ciudades de Esquel y Trevelin, Jorge Fiori y Gustavo De Vera acometieron el emprendimiento y tras muchos trabajos, informes, viajes, lecturas, búsquedas y hallazgos y un profundo análisis del caso lograron el único libro absolutamente disciplinar que aborda el tema del “plebiscito” de Río Corintos en la cuestión de límites con Chile: “1902. El protagonismo de los colonos galeses en la frontera argentino-chilena”, presentado precisamente el 30 de abril de 2002 en medio de los festejos del centenario y con la presencia del presidente interino de la Nación.

Allí se dice que el día 30 de abril, tras una recorrida por lomas cercanas, los pobladores aguardaban a los miembros de las comisiones y al delegado real para una reunión en la escuela nacional, construcción precaria de barro y juncos Y se agrega:

Este es el acta que vamos a presentarle a sir Holdich –dijo Underwood a un grupo de pobladores galeses enseñándole un papel escrito con buena caligrafía. “Si queremos hacer crecer nuestras granjas es necesario que el gobierno nos dé los títulos de estas tierras –aportó a su vez el comisario Humphreys-, y para eso imperioso que se termine esta discusión de los límites”. “Por eso les vamos a pedir a los comisionados que se tengan en cuenta nuestras legítimas necesidades como colonos  y el trabajo que hemos puesto en este valle –prosiguió Underwood hablando fuerte desde la puerta de la escuela para que todos lo escucharan-. Por eso proponemos que todos los presentes firmen aquí”, concluyó Underwood levantando la pluma que tenía en su otra mano.

Más adelante, relatando pormenores de lo que debió haber sido esa reunión, con té y cantos de himnos incluidos, continúa:

Sentado a la cabecera de una de ellas, con el perito Moreno a su derecha y rodeado de los más destacados pobladores, Holdich compartió un té y recibió con agrado las muestras de respeto y el concierto de himnos cantados en castellano, inglés y galés. Incluso agradeció la lectura de poemas a cargo del maestro Owen Williams, aunque para su gusto resultara “poco inspirado”. Al cabo de los homenajes, uno de los pobladores –quizás el mismo Underwood en su carácter de destacado poblador de la colonia; o acaso el comisario Humphreys- expresó en nombre de todos los vecinos palabras de reconocimiento a la visita de Holdich y los demás comisionados. Y leyendo el documento, el colono habría dicho:

Es nuestra obligación moral expresar aquí también nuestro agradecimiento al gobierno de la Argentina, por la asistencia que ha brindado a esta Colonia, del mismo modo que antes lo hizo con los colonos del Valle del Chubut”. “Si esta ayuda no ha sido mayor aún, no tenemos duda alguna que es a causa de las condiciones desfavorables que para los colonos de esta región representa la cuestión de límites entre la Argentina y Chile; una cuestión que hoy nos impide ampliar nuestras mejoras en las granjas  y desarrollar nuestros cultivos, porque aquí nuestros vecinos temen que se les puedan quitar las tierras”. “Hemos llegado a este país buscando la paz y en paz deseamos vivir”,  podrían haber concluido  las palabras del colono ante los comisionados.

Pudiera ser también que Holdich preguntara entonces a que país consideraban los colonos que pertenecían las tierras que ellos ocupaban.  La respuesta fue precisa: “A nuestros hijos los hemos inscripto en el juzgado de Paz argentino y muchos de ellos concurren a una escuela argentina. No es una cuestión de elegir entre una nación u otra, sino de honrar a aquella que nos dio cobijo”, pudieron decir mientras entregaban el documento firmado al representante británico. 

En ese documento, los colonos galeses reclamaron a los comisionados la pronta resolución del conflicto limítrofe como único camino posible para que el gobierno argentino les otorgara los títulos de propiedad de sus tierras.

(…)

Finalmente, Holdich aludió expresamente a la preocupación que le fuera  planteada por los pobladores respecto de la propiedad de sus tierras y la finalización del conflicto limítrofe. “Todos los colonos del Valle 16 de Octubre no deben alentar temores sobre esto: cualquiera sea la decisión a la que llegue el Tribunal Arbitral, será tenidos en cuenta sus intereses y nadie buscará perjudicarlos con ello”, pudieron ser las palabras medidas con las que el árbitro buscó infundir confianza en los colonos.

Las conversaciones y actividades de Holdich con Moreno y Steffen y algunos pobladores continuaron: plantado de árboles, almuerzos y meriendas, un asado con cuero y una comida con patos ofrecida por un colono, del cual quedó una anécdota que bien pudo haber sucedido: ante la pregunta acerca de dicho plato, Holdich habría aludido al buen sabor de los patos “de la tierra argentina.” Dicen los autores De Vera y Fiori:

La frase de los patos argentinos, verdadera o producto de la imaginación popular, nunca fue desmentida y por el contrario, ha sido adoptada y reiterada por los historiadores de este lado de la frontera -aunque, justo es subrayarlo, sin corroborarla con otras fuentes-, como una reafirmación de los sucesos que ocurrieron entre el 30 de abril y el 1º de mayo de 1902 en el Valle 16 de Octubre.

Podría decirse aquí también, que este referido suceso de algún modo tendría su apoyo en la certeza de que el árbitro inglés había llegado a la Patagonia para confirmar «in situ» una decisión política del Tribunal Arbitral ya adoptada previamente y que quedaría plasmada por último en el Laudo del mes de noviembre del mismo año 1902.

Finalmente, y más allá de las discrepancias lógicas entre Steffen y Moreno, de las “travesuras políticas del perito buscando un resultado “pro gobierno argentino” a través de la influencia ejercida sobre los pobladores atendiendo a sus legítimos deseos, y otras prácticas no tan leales como el desvío del río Fénix en Santa Cruz, el arbitraje del rey terminó con una línea de transacción. A cada lado de dicha línea imaginaria quedaban tierras en Chile con algunos pocos pobladores que habían llegado desde algún lugar de ese país, y del lado argentino, las tierras y sus pobladores, que habían llegado por medio del auxilio y aceptación del Estado nacional. Es decir: el rey no abonó ninguna discordia entre dos repúblicas económicamente dependientes del Imperio Británico. Y de paso, es necesario decir que ninguna de ambas quedó conforme.

¿Fue un  plebiscito? ¿O fue una nota de pedido redactada por los colonos y firmada por todos ellos? ¿Levantaron la mano y se hizo el recuento de votos en ese salón ante la pregunta de rigor del delegado real? ¿O fue una conversación, entrega del papel firmado, palabras del delegado y a esperar? En realidad no parece haber sido un plebiscito acorde con las características que lo definen. Pero sí puede decirse que esa entrega de un documento firmado que expresa deseos de los pobladores, o un pedido, o un reclamo, tiene cierto carácter imperativo. De todos modos, según los autores citados, es muy probable que, en líneas generales, la decisión ya hubiese estado provisoriamente tomada antes en Londres y, obviamente, acá no se conocía.

Se resalta la importancia de estas actitudes de los pobladores de un espacio en conflicto, demandado por diversas fuerzas sean nacionales o empresarias, es decir, la necesidad de que a quienes habitan se los tenga en cuenta, se los consulte, se los comprenda, y que tales reclamos sean vinculantes. De mínima, para llegar a algún tipo de acuerdo que satisfaga a todos; de máxima, que esa característica de “consulta vinculante” tenga resultados que definan la situación de conflicto. Imposible no pensar en nuestro plebiscito de 2003 en Esquel y cualquier situación que afecte a pobladores ante las iniciativas de gobiernos y empresas que vayan detrás del lucro y sólo detrás del lucro, por encima de las pautas culturales de quienes viven y trabajan, de sus problemas y sus necesidades, de sus deseos y perspectivas de futuro, tan extensas y profundas que no caben en las bolsas de dinero que las grandes empresas llenan a partir del lucro.


JORGE ORIOLA
Historiador


La Comisión de Límites, Holdich, Steffen y Moreno, y el “Plebiscito” de 1902 en Río Corintos
Jorge Fiori y Gustavo De Vera, “1902. El protagonismo de los colonos galeses en la frontera argentino-chilena”

EL TE CONCIERTO

Moreno a su vez, documentó esos momentos en un telegrama que enviara al día siguiente, 2 de mayo, al ministro de Relaciones Exteriores en Buenos Aires:

“Los colonos han recibido espléndidamente, y ayer tuvo lugar un THE-CONCIERTO (sic) en el local de la Escuela Nacional, en el que sir Thomas Holdich ha podido apreciar las comodidades de que gozan y el anhelo que tienen por desarrollar sus chacras para lo que sólo aguardan el fallo del árbitro. Las palabras con que sir Thomas contestó a las que le fueron dirigidas en nombre de la colonia han llenado de satisfacción a sus pobladores. Ayer[1] retribuí esta atención con carne con cuero después de haber plantado sir Thomas un árbol y sembrado robles y eucaliptos y haberse grabado una inscripción en un gran trozo de granito traído por los hielos a este valle desde la cumbre de la cordillera que lo cierra por el oeste, conmemorando esta visita[2]”.

En el mismo telegrama, Moreno anticipa  los deseos de Holdich de visitar las cataratas del Iguazú, una vez concluida su recorrida por el sur y antes de regresar a Inglaterra:

Es muy probable que Sir Thomas se decida a visitar el Salto de Iguazú para lo cual convendría disponer un vapor que recorriera el Paraná y sus puertos. Si se realizara esta visita, ella daría tiempo a preparar por nuestra parte algunos datos que serán necesarios en Londres. Hasta ahora no tengo motivos para modificar lo que manifesté a V.E. antes de mi partida”, finaliza el telegrama de Moreno. 

Puede observarse que el perito argentino no perdía tiempo: además de mantener una estrecha relación con el delegado inglés, ya planificaba ganar tiempo mientras Holdich paseara por las cataratas del Iguazú, ordenando los nuevos datos que seguramente había recogido durante su recorrida por la zona de litigio. La última frase dirigida al ministro de relaciones exteriores, demuestra que Moreno había podido confirmar hasta ese momento la tesis respecto de las altas cumbres, pero al mismo tiempo, que su encuentro con los pobladores de la Colonia del Valle 16 de Octubre había despejado el camino para el propósito de retener estos valles para la Argentina.

Como se dijo, el telegrama fue enviado por Moreno el 2 de mayo mediante un chasque hasta la punta de línea del telégrafo, entonces ubicada en Nahuel Huapi -téngase en cuenta que Bariloche no existía aún, pero desde allí y hacia el sur comenzaba la zona en conflicto-, y transmitida recién el 9 de mayo al Ministerio de Relaciones Exteriores. El telégrafo llegaría a La Colonia un año más tarde, en marzo de 1903, cuando ya se había conocido el fallo del rey Eduardo VII[3].


[1] No pasó desapercibido a los autores que Moreno refiere dos veces como “ayer” a dos hechos que, en nuestra cronología, aparecen en días diferentes. Este hecho ha despertado dudas, pero el resto de la documentación confirmaría el orden de los hechos como están siendo relatados aquí. Puede atribuirse la reiteración de Moreno a las sucesivas manos por las que debía pasar un telegrama para ser finalmente remitido. Debe recordarse aquí que este mensaje fue despachado por Moreno en chasque hasta Nahuel Huapi y recién allí, siete días más tarde, transmitido a Buenos Aires.

[2] Telegrama que obra a Fs. 248/49 del Expte. de la División Política y Comercial (año 1918) caratulado Fallo del Arbitro S.M. Británica) 1900-1902, Legajo III, Caja N° 21.  Fue acercado a los autores por el maestro Amílcar Amaya quien a su vez lo recibió de manos del ex director de la escuela N° 18, Sánchez, cuando éste presentó ante el Esiteddfod  de Trelew un trabajo de recopilación documental sobre el tema. El trabajo fue desestimado entonces por el jurado al considerar que no tenía cabida dentro de las competencias de ese año.

Una copia del mismo obra en el Centro de Investigaciones Históricas de Trevelin, creado a partir de los estudios y el material reunido para ésta y otras obras similares.

[3] Un telegrama fechado en La Colonia el 29 de marzo de ese año expresa el reconocimiento de los pobladores para con el Perito Moreno. El mismo, y la respuesta del propio Moreno, se transcriben en el capítulo dedicado a la Colonia 16 de Octubre, en este mismo libro. En sus párrafos se encuentran varias alusiones al 30 de abril de 1902, como así también el proceso desarrollado para llevar el telégrafo a los más distantes puntos de la Patagonia.

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